Thylamys elegans

Phylum Chordata | Clase Mammalia | Orden Didelphimorphia | Familia Didelphidae

Investigador(es) a cargo: Tomás Román de la Fuente.

Citar como: Román-de la Fuente, T. Thylamys elegans. ChileFauna. Recuperado el [inserte fecha de consulta] de [URL]

Esta página ha sido realizada en colaboración con la ONG Mamíferos de Chile.

Thylamys elegans (Waterhouse, 1839)

Nombre(s) común(es): yaca; yaca común; marmosa; kunguuma.

Nombre en inglés: Llaca mouse-opossum.

Etimología: La palabra Thylamys proviene del griego thylas que significa «bolsa», y mys, que significa «ratón». Es decir, Thylamys significa «ratón con bolsa». La palabra elegans viene del latín y significa «elegante» (Palma, 1997).

Ilustración de yaca común.
Ilustración de una yaca (Thylamys elegans). © Damary Díaz (ONG Mamíferos de Chile).

Sinonimia

La sinonimia de T. elegans es:

  • Didelphys elegans Waterhouse, 1838
  • Thylamys elegans Gray, 1843
  • Didelphys soricina Philippi, 1894
  • Marmosa tatei Handley, 1956

Subespecies

Originalmente fueron descritas tres subespecies, todas presentes en Chile al ser endémicas, pero Boric (2015) propuso tres subespecies más, descritas al final:

  • T. e. elegans Tate, 1933

Se distribuye a lo largo de la Cordillera de la Costa y en áreas adyacentes en Chile, desde la Región de Antofagasta hasta el río Biobío, en el sur (Palma, 1997).

  • T. e. coquimbensis Tate, 1933

Se distribuye en los valles transversales de las Regiones de Atacama y Coquimbo, estando en esta última región su localidad tipo: Paiguano. Esta subespecie morfológicamente es más clara que T. e. elegans, la base gris del pelaje se encuentra solamente un poco desarrollada, los anillos oculares son más estrechos (aprox. 0,5 mm) y los pies se encuentran cubiertos en su parte dorsal con pelos blancos muy pequeños (Palma, 1997).

  • T. e. soricina Philippi, 1894

Es conocida de un único espécimen descrito por Philippi en 1894 y capturado en Valdivia. Al respecto no existen registros posteriores de Thylamys al sur del río Biobío después de este registro. Esta subespecie (con observaciones de un individuo joven) es más oscura que T. e. elegans dorsalmente; la superficie superior de la cola es negruzca mientras que la de abajo es pálida (Palma, 1997). Mann (1978) considera esta subespecie como sinónimo de T. e. elegans y Boric (2015) comenta la posible existencia de una subespecie que denominó «Sur 2», la cual podría ser T. e. soricina.

  • Thylamys elegans subespecie del Loa

Las yacas encontradas en el Loa serían la población más septentrional de T. elegans y lo suficientemente diferenciadas genéticamente de T. e. elegans y T. e. coquimbensis, por lo que podrían ser consideradas como una nueva subespecie del Loa. Sin embargo, se requiere nuevas muestras de localidades aledañas para apoyar esta propuesta (Boric, 2015).

  • Thylamys elegans subespecie de Aconcagua

Subespecie propuesta por Boric (2015).

  • Thylamys elegans subespecie Sur 1

Subespecie propuesta por Boric (2015).

Descripción morfológica

Su tamaño es mediano para el género; mide entre 18,6 y 27,7 cm de longitud total (el cuerpo mide entre 8,9-13,9 cm) y pesa entre 26 y 35 g (en general incremente en forma continua su peso promedio desde marzo a diciembre). Su pelaje es largo y denso, con un dorso bicolor gris y ocre, y con una franja medial ancha y notoria de color gris. Lateralmente presenta bandas más claras que las dorsales y en el vientre se distingue una angosta franja de color blanco. El hocico es aguzado y los ojos y orejas están muy desarrollados. Estas últimas miden entre 1,2-5,9 mm. Las manos y pies son pequeños y están cubiertos por pelos blanquecinos. La longitud pata/uña es de 0,5-1 cm. La cola es corta y apenas sobrepasa el 50% de la longitud corporal; está cubierta por escamas y pelos, lo que le da un aspecto velludo; es prensil y almacena grasa que le permite sobrevivir en climas estacionales (Palma, 1997; Iriarte, 2008; Muñoz & Palma, 2009).

La yaca alcanza la pubertad al año de edad y se evidencia con el aumento del tamaño de los testículos, acompañado de una coloración azulada del cuerpo en los machos y la ingurgitación del genital en la hembra. Las hembras no presentan marsupio y las mamas están expuestas en la región abdominal; durante la lactancia presentan una zona rojiza en el área mamaria (Mann, 1978; Iriarte, 2008).

Thylamys elegans presenta un número desigual de pezones: siete pectorales, uno en la zona medio-abdominal y siete posterio-abdominales, aunque solamente 11-13 de estos son funcionales (Palma, 1997).

Su fórmula dentaria es:

5.1.3.4
4.1.3.4

Distribución y hábitat

Distribución global: Chile.

Regiones de Chile que habita: Antofagasta, Atacama, Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Ñuble, Biobío, La Araucanía, Los Ríos

iNaturalist (2 de mayo de 2025): Atacama a Ñuble. También hay un registro de un ejemplar muerto y en descomposición identificado como T. elegans de Antofagasta, pero se pone en duda (Link).

Cotas de altitud: ¿?

Por lo general prefiere zonas con vegetación boscosa y de matorral esclerófilo, característico de Chile central. En las zonas más australes de su rango de distribución se le asocia con ecosistemas templados lluviosos siempreverdes (Iriarte, 2008).

T. e. coquimbensis habita matorrales junto a ríos (Mann, 1978). T. e. elegans se encuentra en asociaciones vegetales del supralitoral y contrafuertes cordilleranos de Chile central (Schamberger & Fulk, 1974). En la región del Biobío habita el matorral esclerófilo siempreverde degradado, incluso en parches de matorral y en plantaciones de pino insigne (Muñoz et al., 1990; Muñoz, 1992).

Dieta

Su alimentación se compone principalmente de insectos, aunque también se ha observado que consume huevos, frutos, semillas y pequeños animales como ciertas especies de lagartijas (Iriarte, 2008).

En el matorral subdesértico del norte de Chile su dieta se encuentra compuesta en un 90% por artrópodos y en el restante por ciento por semillas (Meserve, 1981). En el matorral esclerófilo de Chile central consume artrópodos (en un 90%), vegetales (en un 8%) y lagartijas (en un 2%) (Muñoz et al., 1990).

Sus glándulas salivales se encuentran bien desarrolladas y sus secreciones facilitan la deglución de los esqueletos quitinosos de sus presas (Palma, 1997).

Conducta y reproducción

Es una especie nocturna y trepadora, actividad favorecida por su cola prensil y pulgar oponible. Para la captura de presas utiliza sus ágiles manos y sus afilados dientes, y pareciera jugar un rol la máscara periocular negra, que atraerían la atención de la presa, descuidando la detección de la dirección del asalto. Privilegia los sentidos del olfato (posee largas vibrisas en el hocico), tacto y visión, la cual está bien desarrollada, sin desmerecer su notable audición, impulsada por sus grandes orejas y por poder plegarse a voluntad. Su conducta, determinada por una organización cerebral primitiva, carente de cuerpo calloso y reducida corteza neopalial, es de un bajo nivel psíquico, caracterizado por reacciones automáticas, estereotipadas y repetidas. En caso de sentirse amenazado o para alertar emite chillidos. Presenta una alta demanda térmica, por lo que entra en períodos restringidos de torpor, especialmente en invierno, cuando la temperatura disminuye (Mann, 1978; Iriarte, 2008; Muñoz & Palma, 2009).

La madurez sexual se alcanza probablemente durante el primer año de vida; en las hembras se evidencia por una ingurgitación evidente de su tracto genital, aumentando su volumen, pudiendo parir dos veces en el período reproductivo, que se extiende entre diciembre y marzo. En los machos se evidencia por sus testículos aumentados de volumen (alcanzan hasta los 8 mm de largo) y por el llamativo color azul de su cubierta, además de un aumento en el tamaño de su próstata. Durante el período reproductivo el macho se aparea reduciendo violentamente a la hembra. Una vez nacen las crías (que pueden ser hasta 17), estas se adhieren a las mamas expuestas en la región abdominal y cuelgan de ellas para terminar normalmente su desarrollo, ya que no cuentan con el aporte nutritivo de la placenta y la hembra no posee marsupio, aunque pliegues de piel se forman bajo los pezones durante el período reproductivo. La supervivencia de las crías dependerá del número de pezones funcionales (que en esta especie es entre 11 y 13). Para el cuidado de las crías, la madre elabora un nido de pelos y finos vegetales bajo rocas, nidos abandonados de aves o entre ramas. Este posee una forma esférica con una pequeña entrada (Mann, 1978; Palma, 1997; Iriarte, 2008; Muñoz & Palma 2009).

Ilustración representativa de una yaca (Thylamys elegans) con sus crías adheridas al abdomen al ser una especie que carece de marsupio. © P. Andrea López (ONG Mamíferos de Chile).

Amenazas y conservación

  • IUCN: Preocupación Menor (LC) – 2016
  • RCE: Preocupación Menor (LC) – 12° RCE (2019).

Como amenazas naturales, podemos ver que es parasitada por Nosopsyllus fasciatus, Sphinctopsylla ares y Tetrapsyllus tantillus (Alarcón, 2003), y depredada por el felino Leopardus guigna (Correa y Roa, 2005) y por varias aves, como los strigiformes Strix rufipes (Díaz, 1999; Alvarado et al., 2007), Glaucidium nanum (Jiménez y Jaksic, 1989a), Athene cunicularia (Schlatter et al., 1980a), Bubo magellanicus (Jaksic y Yáñez, 1980) y Tyto alba (Begall, 2005; Muñoz et al., 2010), así como por los accipítridos Geranoaetus melanoleucus (Jiménez y Jaksic, 1989b) y G. polyosoma (Schlatter et al., 1980b).

Origen evolutivo

El registro fósil de Thylamys data del Pleistoceno, pero revisiones recientes retroceden más hacia el Mioceno tardío, en la Formación Cerro Azul, Argentina.

La especie Thylamys venusta dio origen a T. pallidior en zonas cordilleranas y luego aislados periféricos de esta última habrían igualmente alcanzado las tierras bajas y la costa del sur de Perú y norte de Chile, para posteriormente migrar hacia el sur y el norte, dando origen a T. elegans tal como se reconoce hoy en día (Meynard et al., 2002).

Referencias

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